Suele decirse que todos, unos más y unos menos, tenemos nuestras particularidades personales. Lo cual significa que todos estamos como una regadera la idiosincrasia de cada uno es particular como el patio de mi casa, y nos convierte en personas únicas. Lo cual no significa que, de vez en cuando, no te encuentres con gente que realmente está mentalmente enferma. Sinónimo: locos de atar.

Ayer Ki y yo estuvimos en el Rastro, pero como se suele llenar mucho, lo que hicimos fue madrugar para poder haber terminado antes del apogeo masivo de gente. A la hora en la que todo el mundo parecía pelearse por un hueco frente a los puestos, nosotros estábamos en un café de una callejuela aledaña, desayunando ricamente cafés, porras y un pinchito de tortilla. Y ahí estábamos, hablando tranquilamente y saboreando una tortilla de patatas realmente rica, cuando entró un muchachuelo con pintas de estar totalmente desorientado. Se habrá perdido por el Rastro, pensé.

Lo que estaba era mentalmente perdido. Entró pidiendo un café, luego una caña, luego un café y luego finalmente se decidió por la caña. Un parroquiano se ofreció a invitarle, pero el chaval se negó: ¡tengo dinero para pagarla!, decía con tono de orgullo. Luego empezó a contarnos que le habían regalado una cartera por dos euros y que su día había sido muy bueno. Y luego le pidió tabaco al camarero.

Ki me contó después que la máquina de tabaco estaba junto al baño de caballeros. Dice que vio al chaval intentando meter una moneda de dos euros por el pulsador de selección de tabaco. El chico se ve que se pensó que la máquina no aceptaba monedas de dos euros, así que volvió a la barra, se echó sacarina en la cerveza, y le pidió lumbre al camarero. Luego se acordó de que no había sacado el tabaco de la máquina, y luego se acordó de la moneda de dos euros.

Nos fuimos del café cuando el muchacho le pedía cambio al camarero, con la impresión de que, en cualquier momento, llegaría alguien en una ambulancia con una camisa de fuerza para ponérsela al chico.

La situación en el momento fue rocambolesca, e incluso levemente divertida; pero no pude evitar que me diera también un poco de pena ver a ese chico intentando valerse por sí mismo, cuando era obvio que él solo no podía hacer mucho por sí mismo...